Maternidad a solas
La pandemia
nos trajo muchos desafíos en la maternidad y paternidad. Uno de los más duros
para mí, ha sido la carencia de compañeras cotidianas. Extraño el compartir con
otras amigas/madres las visitas en casa, las idas al parque, el café o lo que fuera…
Esos eran los espacios para hablar de lo difícil, para quejarnos y darnos
cuenta de las etapas de nuestros hijos e hijas.
En estos dos años, el trauma por la pandemia, el encierro, la muerte y la enfermedad nos afectó a todos en casa. El efecto de la pandemia en mi hija mayor se evidencia por momentos. Pero no entiendo muchas de sus implicaciones, en mí misma, en ellas y en el mundo en general. Me duele no saber cuáles miedos, ansiedades y comportamientos son normales y cuáles no. No es lo mismo leer foros de internet, que tener amigas o mamás de los compañeros de los y las crías para compartir las experiencias.
En nuestro
caso familiar, nuestra mayor de pronto dejó de ver a muchas personas y de
viajar de manera regular, nos encerramos en casa y no entró al kínder como lo
teníamos previsto. A sus apenas tres añitos, sufrió la pérdida de alguien cercano.
En estos años, nació su hermana, vivió en otra casa por un mes y supo de más
personas que enfermaron. Yo escribo, oro, leo, platico y estoy siendo acompañada
en medio de tantos cambios, pérdidas y necesidades. Ella sólo nos tiene a
nosotros y la familia extendida que le ama… pero no es fácil. Estoy aprendiendo
a acompañar a mi hija en medio de tantas cosas, es una bendición y un desafío.
Estoy
segura de que mi experiencia está repetida por millones alrededor del mundo,
con diversos colores y matices. Para quienes ejercemos la maternidad en esta
pandemia, la soledad se nos ha multiplicado y nuestros propios monstruos han aparecido
o crecido. Yo estoy aprendiendo a nombrar a los monstruos, junto a mi hija. La soledad, la incertidumbre y mi ignorancia
ante los desafíos no tienen porque hacerse más grandes… escribir, hablarlo y pedir
ayuda están a nuestra alcance.
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