Maternidad. Transformación y Luchas.
La maternidad me ha transformado. Mis dos hijas me han retado más allá de mis límites y me han encaminado en un proceso de transformación doloroso, sanador y lleno de gracia. Mi propio caminar con Dios se ha trastocado bellamente. Mis hijas son como el cayado del pastor, que guía, de pronto golpea suavemente y sirve para traerme de nuevo al Señor. Como mi hija mayor canta: -“Dios es mi mamá y Dios es mi papá, porque yo confío mucho en Dios. Dios nos ama y somos ovejas y él es Pastor. Dios nos ama mucho.” Esa es su canción, su creación y mi oración.
En las últimas semanas he luchado mucho con mis próximos viajes. El dejar a mis hijas, el no dar pecho a la menor y los miedos que afloran en mí al dejarles. Ha sido muy difícil enfrentar mis monstruos, el miedo al abandono y el lastimarles, sin querer. Estoy en terapia. La maternidad y mi propio compromiso con Dios, mi familia y conmigo misma me empujaron a ir. Estoy agradecida por el privilegio. Consciente, un poquito más, de la bella y compleja oportunidad de ser mamá, de trabajar en lo que amo y de estar presente para mis hijas, junto a mi pareja. Al retomar los viajes, sin ellas y sin él, me siento desorientada. Pero es una desorientación necesaria. Ellas y él son parte de mí, me ayudan a definirme, pero no lo son todo. Escribirlo me cuesta trabajo, vivir sus implicaciones me ha hecho llorar, conflictuarme y rendirme.
Tengo dos viajes en puerta, de 3 y 4 noches. Las niñas se quedan con su amado papá y la tribu. Yo me voy, pero Dios mediante, regreso. El irme está siendo una experiencia de rendición y confianza. El proceso de soltar y confiar me cuesta, por mi perfeccionismo, mi deseo de control y mis miedos. Esta misma experiencia me acerca a otras o al menos me invita a la comprensión y solidaridad con otras. Tengo el privilegio de criar a mis hijas con una pareja presente y comprometida, tenemos el apoyo de la familia, los recursos para solventar necesidades básicas, trabajos dignos y la posibilidad de atender nuestra salud física, mental y espiritual. Todo esto que menciono es un privilegio en nuestro mundo. En la experiencia de soltar y rendirme, de renunciar a la ilusión de control y perfección me liberan para ver a los demás, para ser vulnerable, para estar… Hay tanto misterio en la vida, en Dios, en la maternidad, en nosotros como seres humanos y honrar los misterios me hace más humana, me permite ver con menos claridad y más corazón….
En las últimas semanas he luchado mucho con mis próximos viajes. El dejar a mis hijas, el no dar pecho a la menor y los miedos que afloran en mí al dejarles. Ha sido muy difícil enfrentar mis monstruos, el miedo al abandono y el lastimarles, sin querer. Estoy en terapia. La maternidad y mi propio compromiso con Dios, mi familia y conmigo misma me empujaron a ir. Estoy agradecida por el privilegio. Consciente, un poquito más, de la bella y compleja oportunidad de ser mamá, de trabajar en lo que amo y de estar presente para mis hijas, junto a mi pareja. Al retomar los viajes, sin ellas y sin él, me siento desorientada. Pero es una desorientación necesaria. Ellas y él son parte de mí, me ayudan a definirme, pero no lo son todo. Escribirlo me cuesta trabajo, vivir sus implicaciones me ha hecho llorar, conflictuarme y rendirme.
Tengo dos viajes en puerta, de 3 y 4 noches. Las niñas se quedan con su amado papá y la tribu. Yo me voy, pero Dios mediante, regreso. El irme está siendo una experiencia de rendición y confianza. El proceso de soltar y confiar me cuesta, por mi perfeccionismo, mi deseo de control y mis miedos. Esta misma experiencia me acerca a otras o al menos me invita a la comprensión y solidaridad con otras. Tengo el privilegio de criar a mis hijas con una pareja presente y comprometida, tenemos el apoyo de la familia, los recursos para solventar necesidades básicas, trabajos dignos y la posibilidad de atender nuestra salud física, mental y espiritual. Todo esto que menciono es un privilegio en nuestro mundo. En la experiencia de soltar y rendirme, de renunciar a la ilusión de control y perfección me liberan para ver a los demás, para ser vulnerable, para estar… Hay tanto misterio en la vida, en Dios, en la maternidad, en nosotros como seres humanos y honrar los misterios me hace más humana, me permite ver con menos claridad y más corazón….

Comments
Post a Comment