Gestar y parir en pandemia
Nuestra primera hija nació en Vancouver, Canadá, al final de un tiempo de estudios. Mis papás y la mamá de Abdiel viajaron para conocer a Erandi y ayudarnos el primer mes. Tres años después, esperábamos que este embarazo fuera rodeado de amigos y familia. No fue así. El anuncio inicial de la pandemia no nos hizo desistir del deseo buscar otrx hijx, pero también nos abrió a la incertidumbre y la esperanza de manera inimaginada.
Confirmamos el embarazo en mayo de 2020, después del primer pico de la pandemia en México. Para ese momento, ya era claro que el aislamiento sería prolongado y duro. La pandemia no acabaría con el verano y los inciertos aumentaron. Nuestra familia fronteriza con múltiples nacionalidades enfrentaba decisiones sobre dónde atender el embarazo y cómo hacerle frente al cierre de fronteras. Desafíos desde el privilegio que yo tenía para elegir donde nacería mi hijx, en Mexico o EEUU. Optamos por una partera en San Diego y fue una de las mejores decisiones de acompañamiento. Abdiel, con nacionalidad mexicana y Erandi, canadiense, no podían acompañarme a las citas mensuales. La esperanza era que pudieran hacerlo para el parto.
Durante
los meses, las preocupaciones “normales” por los estudios de laboratorio y las
visitas al endocrinólogo se agudizaban con el miedo al contagio. El aislamiento
endurecía las ansiedades y los desafíos de crianza de una activa y curiosa niña
de tres años. Abdiel y yo seguíamos con el homeoffice, los cambios y el estrés.
En el proceso, vivimos el duelo por la muerte de un cercano y amado amigo y
acompañamos a nuestro amiga-hermana en su pérdida, lo más cerca que pudimos. El
llanto, la preocupación y el miedo fueron compañeros constantes en mi embarazo.
Lo fue también la oración, el escribir y meditar en la historia de María
embarazada de Jesús. Las amigas, casi exclusivamente a la distancia, participaron
conmigo de escuchar y lamentar nuestras situaciones. Dos amigas muy cercanas vivieron este mismo “drama”
del embarazo y de parir en pandemia.
Por fin, a
mediados de enero, dos semanas antes de la fecha probable de parto, cruzamos la
frontera. Teníamos a muchos intercediendo por nosotros y ya estando d
Lo que pensamos
sería una estadía de 2 semanas máximo en EEUU, se convirtió en 4 semanas, a la espera
de nuestra bebé. La incertidumbre, el temor y otros duelos se sumaron a la
espera y la sensibilidad de estar a punto de parir. No fue fácil. Nunca es
fácil dar a luz una vida, pero hacerlo en pandemia es aún más difícil. Fui
tremendamente afortunada de hacerlo sostenida por mi esposo y con mi hija de
3.5 años a mi lado, en la casa de nuestros amigos, J y J, acompañada de unas
parteras increíbles. No fue fácil la espera, dentro de otras esperas. Nuestra Ayari,
“flor del bosque” floreció en una de las temporadas más crudas de la pandemia,
rodeada de luz, amor y mucha esperanza. Floreció también en un contexto de
mucha pérdida, soledad y dolor. La vida se abre paso, de eso estamos seguros.



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